sábado 4 de julio de 2009

Y ahora te rindes princesa de hielo, cayendo al suelo por última vez..

Durante meses me he estado preguntando en qué clase de persona me había convertido para que mis amigos me hubieran dejado de hablar y los que me seguían hablando, sólo me quisieran para salir de cañas y de fiesta.

Buscaba una explicación, pero nunca la encontraba. Era mucho más maduro por su parte dar la callada como respuesta, dejarme así, por las buenas, con mis historias, mis cosas, rodeada de fantasmas. Porque lo reconozco y siempre lo he hecho: no soy una chica fácil. Aunque en realidad tampoco lo creo. No es que sea una persona difícil, si no es que te tienes que tomar un par de tardes para conocerme, para que me pueda abrir. Porque puedo aparentar que soy muy extrovertida, pero soy extremadamente tímida e insegura. Pero conmigo, con una sonrisa, lo tienes todo ganado. ¡Qué simple! Y lo han olvidado.

Pero he de confesar que si ahora algo me da miedo es que esta apatía en la que estoy suspendida tan sólo sea la tapadera o la antesala a esa depresión de la que llevo huyendo durante meses. Se me hace un mundo salir, mirarme al espejo, hablar con los amigos que conservo, ponerme a escribir, a leer... Quiero echarle la culpa a la medicación de las migrañas y me releo una y otra vez el prospecto buscando explicación entre los múltiples efectos secundarios. Pero la verdad es que desde que él se fue me dio por preguntarme el sentido de la vida. ¡Qué filosófica me pongo a veces! Yo siempre he sido melancólica, pero desde entonces me encuentro mucho más vulnerable. Soy joven. Soy muy joven. Y perder a un padre cuando se es tan joven puede resultar algo difícil. Desde entonces, desde octubre, hay imágenes que no se me han ido de la cabeza y supongo que hubiera ayudado el hecho de tener a mi lado amigos con los que contar, amigos que no hubieran hecho de este asunto un tema tabú porque para ellos era mucho más fácil.

No sé a qué viene esta entrada, la verdad. No sé por qué escribo esto, por qué hago esta declaración de intenciones justo ahora. Supongo que es una manera de plantarme porque ya estoy harta. No quiero en mi vida a gente así. No quiero en mi vida a gente que con sonrisas de arpías y gestos de hienas me busquen cuando su cielo está negro porque soy la chica que escucha con una sonrisa y arregla los problemas de los demás. No quiero gente en mi vida que cuando por fin me da por levantar la cabeza y pensar en mí, me deja de hablar por las buenas y sin más explicación. No necesito gente en mi vida a la que Amelie, Woody Allen, Rafa Pons, Carlos Goñi, Andrés Suárez, Ruíz Zafón, Paulo Coelho... les parezcan una soberana gilipollez. Gente que nunca me ha querido acompañar a un concierto porque el "rollo cantautor, te irá mucho a tí, Jess, pero a nosotros, nos aburre..." A los que los libros les dan alergía y nunca han terminado de leerse uno de mis relatos porque "los escribes muy largos" pero que sin embargo me dicen "tienes talento, pequeña" mientras yo pongo cara de pócker. A mí me dan alergia los partidos de básket en los que siempre pierden, los conciertos punks donde el cantante sale con unos gayumbos en la cabeza, las conversaciones monotemáticas de ordenadores, diseño gráfico..., las veces que se clavan cuchillos unos a otros por la espalda... pero sin embargo, ahí he estado siempre, con ellos.
Tampoco quiero gente en mi vida que no acepte como soy, que me marque las pautas de lo que debo y no debo hacer, con quien debo salir o a quien no me debo acercar. No puedo estar al lado de gente que se ría de mis sueños, que me mire con indiferencia o que se crea superior a mí por tener más visitas en Tuenti o más amigos en Facebook. ¿Está tan vacía tu vida que se reduce a eso, a mirar tu contador de visitas de Tuenti?


Lo siento, pero no me arrepiento de no ser una barbie niña de papá de sonrisa falsa y manipuladora que juega con vosotros, aunque parece que eso es lo que os va. Soy como soy, y yo prefiero ser así, amante de películas raras, de actores en blanco y negro, de música con letras cargadas de significado de gente que se lo trabaja para hacerse un hueco y cuyo nombre no es súper conocido. Que muy probablemente el año que viene acabaré estudiando filología o historia, esas carreras que os pareces tontas, y seguiré con mis viajes infinitos al fin del mundo, esos que nunca os han importado. Que seguiré viajando en tren para ver a mis niñas de Murcia, buscando excusas para irme de conciertos con gente a la que no le suena tan mal, subiendo al escenario a bailar el "mala puta" (aunque luego en youtube me encuentre los vídeos xD)... en definitiva, seguiré con mi vida, porque me he dado cuenta de que no me hacéis falta. Y además, no lo debo de estar haciendo tan mal si a mi alredor, han quedado personas que todavía siguen a mi lado.

Pero sí, podemos llevarnos bien, guardar las apariencias. Era yo la mala de la película, no? Y todavía , en estos meses, no me había pronunciado, había guardado un prudencial silencio. Pues ahora, el que quiera entender que entienda.


Besitos y saludos a los que me leéis, a los que pasáis y saludáis, a los que pasáis de incógnito...


jueves 25 de junio de 2009

Las musas son un poco putas y me hacen dudar de todo lo que escribo...

ISABEL ALLENDE- "PAULA"

"En estos meses me he quedado vacía, se me agotó la inspiración, pero también es posible que las historias sean criaturas con vida propia que existen en las sombras de una misteriosa dimensión, y que en ese caso todo sea cuestión de abrirme nuevamenente para que entren en mí, se organicen a su antojo y salgan convertidas en palabras. No me pertenecen. No son mis creaciones, pero si logro romper los muros de la angustia donde estoy encerrada, puedo volver a servirles de médium"



Hace tiempo que estoy bloqueada. Hace tiempo que estoy en blanco, que cada vez que intento escribir es como si no tuviera nada que contar. Entradas atrás escribía algo así como "ya no eres dueña de sus historias", pero es que además ahora tengo la sensación de que no soy dueña de lo que yo siento. Me he quedado vacía. Subsisto a base de relatos de épocas en las que por lo menos, con mayor o menor calidad, gastaba mi tiempo haciendo algo que me gustaba. Pero poco a poco he visto morir mi inspiración entre mis brazos, la he visto marcharse poco después de que mi mundo se derrumbase y ahora no soy dueña ni de las historias de otros ni de las mías propias.

Es fustrante sentirse vacía. Es como si de pronto la apatía estuviese campando a sus a sus anchas por mí sin ley ni orden. No sentir nada es demasiado fustrante y ¿por qué no? demasiado triste. Yo, que he perdido el norte y no sé si miro al sur, puedo afirmar que, como dice el señor Rafa Pons, "de tanto buscarme me he perdido". Y además es que he perdido la inspiración, las ganas de escribir... Cada vez que me pongo frente a un folio en blanco me vuelve a entrar el miedo, la inseguridad. Cada vez que intento actualizar esto supone un mundo. Llevo días intentando escribir. Llevo días con la pestaña del explorador abierta, con "anoche soñé que volvía a Manderley" como título, y llevo días borrando líneas, reescribiendo frases, oyendo teclas repicando. Quizás necesite un tiempo o quizás necesite este fin de semana de buena música, de sentirme yo, de ponerme guapa, de mirarme al espejo y sonreír a esas personas que a pesar de todo, inexplicablemente, me siguen queriendo. A veces, después de estos meses en los que he oído tantas cosas, me sorprende que quede gente a mi lado que me diga que la melancolía no es mala, que la tristeza es normal cuando has encajado mil y un golpes, que las personas no cambian tanto y que si lo hacen, los amigos, están ahí para saber ayudarte.


Y ayer, el señor Dylan, de camino a casa me llamó "miss Lonely" y me dijo que mi vida era "like a rolling stone". He dejado al señor Dylan hasta que sus canciones me digan cosas bonitas.

martes 16 de junio de 2009

"-Yo- comenzó a hablar sin mirarme.- no me puedo quitar de la cabeza el día en que me fui. Estabas tan hundida que se me rompió el corazón. No sabes lo difícil que fue para mí soltarte toda aquella retahíla de idioteces esperando a que me odiaras para siempre. Y después no quería creer lo que había pasado. Mientras viajaba en aquel avión no pude dejar de pensar ni un solo instante en el daño que te había hecho. Después me dio por imaginar lo que hubiera sido de nuestra vida si todo hubiera sido más sencillo y más normal. Una casa con jardín, como tú querías. O quizás un ático en el centro con terraza. Y yo lo diseñaría todo para ti. Y lo decoraríamos juntos, todo menos tu rincón. Con millones de libros agolpados en estanterías de aluminio. Y un par de sillones por si alguna vez te apetece compartir la lectura conmigo. O un sofá o una hamaca. Y tus pósters se repartirían por las paredes para que pudieras recordar todos los lugares con los que todavía sueñas. Y habría muchas fotos porque a ti te encantan las fotos. Tendrías fotos y recuerdos por las paredes también. Fotos nuestras, fotos de nuestros viajes, de nuestra familia, de nuestros amigos, de tu infancia, del mar… Y a un lado, un escritorio con la máquina de escribir que te regalé. Tu ordenador descansaría al otro lado para tus días de inspiración. Y esos días, el sonido incesante de las teclas siendo golpeadas invadiría la casa y llegaría hasta mi despacho, situado al otro lado del pasillo, donde estaría trabajando en el proyecto de alguna casa o de algún edificio nuevo. Y entonces sonreiría satisfecho, dejaría la escuadra y el lápiz y caminaría sigiloso por el pasillo para asomarme y ver lo guapa que te pones cuando escribes. Al final, no me podría resistir y entraría interrumpiéndote y te besaría y te abrazaría y te haría el amor allí mismo.
Luego, todavía con tu calor, volvería a mi despacho y miraría nuestra foto sobre el escritorio. Tú siempre tan guapa, tan sonriente. Mi despacho no sería tan bonito como el tuyo. Sería más sobrio, menos personal. Con algún cuadro, con escuadras, cartabones, compases, minas, láminas… Todo ello repartido por la mesa. Y habría un caballete para pintar. Un día lluvioso y tras que nuestros planes se anularan, te pediría dibujarte. Seguro que te sonrojarías y me dirías que no eres digna de ser una modelo, que no tienes cuerpo, que no eres tan guapa. Y yo respondería que eres perfecta. Aunque me conozco perfectamente el mapa de tus gestos, de tus expresiones, de tu piel, te miraría detenidamente y pintaría el que estoy seguro que sería mi mejor cuadro. Pero no te lo regalaría. Me lo quedaría para mí, para colgarlo puede ser en el despacho del trabajo y que así los clientes se maravillaran al ver que tengo la mujer más asombrosa del mundo a mi lado. La luz de tus ojos me acompañaría y me haría más llevaderas las reuniones insufribles con los constructores.
Y también pensé en nuestra boda. Tú con un vestido blanco precioso que escogerías con tu madre. El pelo ondulado cayéndote por la espalda te daría un aire adorable. Y al verte del brazo de tu padre me emocionaría. Estarías todavía más radiante que de costumbre y todo el mundo me tendría envidia por tener a mi lado para siempre a la mejor mujer del mundo. Te daría el “sí quiero” mirándote a los ojos y, al finalizar, te daría el beso más largo y más cariñoso de todos cuantos te he dado mientras nuestra familia nos miraría y nos fotografiaría. Al día siguiente, después de haber compartido con ellos la velada de nuestras vidas, partiríamos a un vi
a
je que nos llevaría todo el tiempo que tú quisieras. Egipto, Roma, París, Praga, Venecia, Nueva York, California… y sólo existiríamos tú y yo por aquellas calles desconocidas en las que nada importaría salvo que estoy contigo.

De repente se calló. Parecía como si todavía estuviera en una ensoñación y sus palabras tan sólo fueran un leve esqueje de lo que pasaba por su mente. Era como si realmente hubiera estado viendo aquello pasar ante sus ojos y había conseguido hacérmelo ver a mí. Aquella vida idílica había despertado en mí un cierto sentimiento de ternura que había hecho acallar la rabia y los resquicios de odio que había intentado mantener vivos contra él. Era imposible. No había manera de odiarle sin que alguna de sus palabras rompiera en mil pedazos todo sentimiento negativo.


-¡Estás llorando!- exclamé. Y fue lo único que pude decir durante un rato. ¡Qué estúpido debía de sonar aquello en esos instantes!"

jueves 11 de junio de 2009

A veces siento que pierdo altura y pido permiso para aterrizar

A veces siento que corro a ciegas. A veces es como si estuviera en una carrera de fondo en la que sólo hago que correr y correr y nunca acabo. Y entonces, llega un momento en el que me quedo sin respiración y caigo al suelo. Sigo a ciegas, me levanto, busco una mano amiga y vuelvo a correr.

A veces siento que soy un auténtico y completo desastre. Y no sólo lo pienso. Tengo la certeza absoluta de que soy un desastre monumental. De hecho, lo puedo afirmar de forma científica. Me ocurren las situaciones más inverosímiles, estúpidas y torpes, y comienzo a estar cansada.

A veces me siento prescindible y me entra el miedo. "Eres necesaria, pero no imprescindible", recuerdo que me dijeron una vez. Soy fácilmente reemplazable. Eso es de lo que me he dado cuenta. Es por eso que a veces me sorprende que alguien me diga que soy "especial" para esa persona. A veces alguien me dice que he influído en su vida, que mi sonrisa le animó en tal momento o que uno de aquellos abrazos significó algo. Eso también lo hago sin darme cuenta. Soy muy así. Soy un desastre, una completa contradicción, pero también soy de ese tipo de personas que regalan todo sin darse cuenta y que en ocasiones no regalan nada, pero lo que bien es cierto es que me cuelo en la vida de la gente con una facilidad pasmosa. Es por eso que a veces me entra el pánico y corro, corro lejos. Me da miedo y lo peor de todo es que no sé qué es lo que me asusta. Me da miedo echar raíces y que un día me las corten. Me da miedo que alguien me regale su cariño y por ese motivo, cuando me siento "querida" por alguien nuevo, huyo y rehuyo. Me pregunto el por qué se interesa por mí y desconfío. Me empeño en pensar que no tengo nada que ofrecer para que me quieran. No me valoro. Soy insegura. A veces peco de cobarde y me cuesta quedarme quieta en la vida de esas personas que me quieren. Pero he de reconocer que a pesar de todo sigo ahí. Nunca salgo de sus vidas por completo. Merodeo, me quedo cerca y estoy a una llamada, a un café, a una abrazo.
La gente que me conoce sabe que yo soy de todas partes, pero de ninguna. Lo aceptan, lo entienden, me siguen queriendo. Hay gente que no acepta que tenga que respirar de vez en cuando. Y para respirar hay que salir. Es como en las noches de fiesta, cuando te ahoga la aglomeración y el humo y sales fuera para respirar, para coger aire fresco y oír la música desde fuera. Lo reconozco: yo soy de las que ha de salir. Y correr, salir, respirar... me trae problemas en ocasiones. Quizás tenga que echar raíces y comenzar a quererme más a mí misma. Si me quiero más a mí misma puede que deje de replantearme el por qué la gente me quiere.

miércoles 3 de junio de 2009

Soy lo malo de este cielo...

Tiemblo. Mi cuerpo quiere decirme algo y me cuesta interpretar exactamente qué es. Tiempo. Estoy cansada de ver pasar el tiempo ante mis ojos con una salud que me está empezando a traer de cabeza. El mes de mayo no me gusta. Lo odio a muerte. Y más si mi salud se resiente. Las migrañas son un factor importante para que todo dependa de los días con o sin dolor, para que viva enganchada a pastillas que me chupan la energía. Además los mareos, los nervios, los vómitos, los cigarros... ¡Nunca había fumado tanto! He dejado de comer, tengo un agujero en el estómago. ¡Cuántos almuerzos habré repartido caritativamente esta semana! Pero es que no me entra la comida, ni tan siquiera el café. He descubierto que el Redbull se puede volver contra tí las tardes-noches en la biblioteca y que el sol puede ser tu enemigo a muerte los mediodías infernales.
Pero el mes de mayo siempre tiene repercusiones en mi salud. El mes de mayo es mi enemigo mortal. Mayo lleva en el aire el olor a dolor, a despedidas, a soledad, a noches largas, a días demasiado cortos, a lágrimas saladas.Este mes de mayo me susurra al oído que he perdido todo, que ya no me queda nada. Este mayo me recuerda a otros mayos.
El mayo pasado fue lluvioso, frío. Cuántas noches perdí mi mirada en la lluvia a través de la ventana esperando una llamada que no llegaba demostrándome que vivía con esperanza en una relación sin futuro. Pasé un mayo de preparativos para la clavaría, uno de los momentos más importantes de aquel año y que suponía la despedida de todas aquellas personas, el inicio de una nueva vida que hoy estoy viviendo. Y todos aquellos preparativos carecieron de sentido. Viví sola aquel momento. Tanto fue que tuve que buscar desesperadamente a un vecino que me abrochara el vestido la tarde de aquel 24. Pero es que el mayo del año pasado era el principio del final. Aquel mayo viví los domingos en el hospital con el corazón encogido, con el alma entre las manos haciendo como que no era una niña asustada, como que no tenía miedo al futuro, como que la muerte no era una realidad. Pero los hospitales huelen a olvido, a desesperación, a almas que se apagan y que viven para siempre en corazones que nadie ve.
Y luego llegó junio asfixiante, gris, algo lluvioso. Junio fue igual a lágrimas, a despedidas tras 13 años de convivencia, a fotos, a sueños de futuro, a cenas en las que nos dábamos cuenta de que ya éramos más mayores. Nada ha vuelto a ser para nosotros lo mismo después de aquel junio. Pero junio también fue igual a soledad. Junio se me hizo cansado, pesado. La independencia para una adolescente puede resultar terrible cuando, día tras día, nadie espera en casa. Los silencios pueden doler, quemar. El frío se te puede clavar en el alma y la casa vacía se puede antojar un lugar hostil al que no te atreves a llamar hogar. Aún así salí adelante. ¡Cuántas lágrimas derramé en silencio! ¡Cuántas lágrimas que sólo vio aquel "protector"!
Ahora recuerdo lo mal que lo pasé y recuerdo aquel como el último verano a su lado. Creo que nunca ninguno de nosotros imaginamos que no sobreviviría al siguiente. Él quería luchar, a pesar de su extremada fragilidad. Él quería ver pasar el tiempo ante sus ojos. Pero no merece la pena volver a hablar de esto. Hace un año ya lo conté en una entrada como esta que me dio por releer. No me gusta que los recuerdos me invadan y odio que la nostalgia haga trinchera cuando me encuentro débil. No me gusta sentirme vulnerable.

viernes 29 de mayo de 2009

El joven se subió al banco que había bajo el ventanal. Sentía el vértigo de la libertad, la fragilidad de la vida, el influjo de sentimientos encumbrándole hacia la locura más absoluta. Abrió los ojos como platos y fijó su mirada encendida en aquellas imágenes que el mismo estaba proyectando ayudado por el humo serpenteante de la chimenea de aquella casa que luchaba en una batalla encarnizada contra el frío. Intentó coger el humo entre sus manos, deshacer las escenas que veía en él y que le dolían porque sabía que el tiempo nunca regresa. Dio un paso hacia delante sintiendo la consciencia de sus actos suspendida en el aire. Había sentido el aliento de la muerte sobre su nuca durante aquellos días. Quizás aquella casa vacía parecida a la de su infancia, aquella ventana abierta premonitoriamente y aquellas imágenes desfilando por su mente como si se tratara de un último adiós, no hacían más que indicarle que su final había llegado.Sonrió de manera oscura, con una determinación alarmante cruzando su rostro. Se balanceó cogiendo impulso, cerró los ojos sintiendo el aire frío clavándose en él y se dispuso a dar el último paso que lo separaba del suelo y del final.


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El texto es parte de un relato que he escrito para un concurso. Sé que es parecido que escribí hace alguna entrada, pero me perdonáis, no? :)

sábado 23 de mayo de 2009

En su lucha de ser o no ser, el vencido fue él...

Nunca me he sentido tan estúpida.

De pronto, se ha caído el telón y me he dado cuenta de que mi vida sólo era un teatro. Han quedado al descubierto los actores, las bambalinas, el tramoyista y el cabrón del apuntador. Y mientras veía todo desplomarse me he quedado con la mayor cara de gilipollas que he puesto en mi vida.

Hace unos meses, no demasiados, me creía afortunada. Sí, pensaba que tenía a mi alrededor a la mejor gente. O quizás no fuera la mejor gente, pero era la que me hacía feliz. Yo los adoraba y creía que ellos también me querían. Reconozco que no soy una persona fácil. Que a veces me adentro en mi mundo, me ausento en mí misma y veo fantasmas que retonarnan de mi pasado. Es normal. No hace demasiado que me di cuenta de que la vida es frágil, que la gente desaparece para siempre y a lo largo de estos meses no se me ha ido de la cabeza las imágenes de aquel último adiós. Pero aún así siempre estuve ahí dispuesta a arreglar el mundo sentada frente a un café, a una coca-cola, o un té. Estuve ahí para escuchar, para reír, para ser vete a saber quién.
Creía tener amigos que escuchaban mis divagaciones, que compartían conmigo sus vidas. Creía tener amigos íntimos, esos con los que compartes tus miedos, tus inquietudes, tus planes de futuro, a los que escuchas durante horas hablar de sus cosas y a los que aconsejas con esa incierta sabiduría. Ese tipo de amigos con los que no hace faltar hablar, que al mirarte saben que no luces tu mejor sonrisa y que aceptan y comprenden tus días malos, tus defectos, tus alardes de locura itinerante. Y también creía contar con ese tipo de amigos con los que sales a tomar un quinto en la tasca de siempre, con los que compartes risas y recuerdos, fiestas y un cariño infinito fruto de los años juntos

Pero de pronto todo ha estallado y mi sonrisa se ha tornado más cansada que de costumbre. Ya no merece la pena seguir sonriendo para contentar a nadie ni para que nadie se sienta mejor. Sí, estoy mal, pero ¿y qué? Aquellos amigos que conderaba íntimos se alejan y cuando intento acercarme me destapan el teatro. Todo era por compromiso, por tradición. Nunca me habían dicho tan pocas palabras que me habían dolido tanto. Quedaban conmigo fruto de la tradición de tantos años, por el compromiso de no saber decirme que no me soportaban más. Eso es lo que yo interpreto. Al fin y al cabo las explicaciones han sido más bien escuetas. Después de tantos años todo acaba así, sin más, con dos palabras que se me clavan: tradición y compromiso. Y mi cara de gilipollas apoyada sobre la pared mirando la nada. ¡Con lo largo que había sido aquel día a base de café y té después de las clases para sobrevivir! Pero pensé que el día siempre amanece y acabé resbalando sobre la pared, abrazando la almohada mientras sonaba de fondo a saber qué programa de la tele que ocupara mi mente y que me diera una tregua para no pensar en lo sola que me sentía. Y me dormí y el día amaneció. Algo más frío, algo más gris, pero al fin y al cabo un nuevo día. Me he dado cuenta de que seguirán amaneciendo días en mi vida con más o menos ganas porque todavía quedan muchas cosas por las que luchar. Ya vendrán más gente, más desengaños, más planes, más viajes suicidas al fin del mundo, más amores platónicos que me sonrían por los pasillos... Ya encontraré esa protección que anhelo, ese abrazo protector. Saldré de esta. Voy a salir de esta. Por muy sola que me sienta, por muchas estupideces que vaguen a sus anchas por mi mente, por muchos fantasmas que aparezcan en mi cama por las noches.





Y sí, necesitaba escribir mis divagaciones!

miércoles 13 de mayo de 2009

Tarde de jueves

Lo he hecho. No ha sido tan difícil. Una tarde cualquier después de clase. Una charla simpática en la que intentaba no parecer estúpida ante un él mientras caminaba sin tener claro el rumbo me he hecho olvidar lo que llevaba tanto tiempo cavilando. Por unos minutos, he dejado de pensar en si esta vez tendría valor para no quedarme en la puerta. Mis pasos me han guiado. Sería imposible olvidar el camino que lleva hasta allí. Lo he recorrido durante años cogida de su mano, de la mano tu madre. Entonces era una niña que, en silencio, se preguntaba qué era aquello que le dolía tanto. Lo he comprendido. Aquel lugar silencioso tiene algo que se te clava dentro como un puñal. He seguido caminando escoltada por las fotografías sonrientes de aquellos que se fueron para siempre. Nunca tantas sonrisas se me antojaron tan tristes. Y al llegar allí, completamente sola, he llorado. En las despedidas eternas es normal llorar. Me he sentido pequeña, aquella enana con coletas que te veía jugar a las cartas, pero me he sentido mayor, más madura, como si hubiese crecido frente a aquel mármol desde el que me miraban fotografías entre las que no me acostumbro que esté la tuya.

-Mi mundo es un desastre desde que te fuiste, ¿lo sabías? Ya no soy la misma. He cambiado.

De repente, mientras te decía aquello, te he comprendido y el rencor que todavía albergaba, se ha disipado. La vida se tornó muerte y tú cambiaste demasiado. Al viento, en silencio, he prometido no cometer tus errores. Finalmente, he rehecho mis pasos optando por el camino largo a casa, dejando que el sol y el viento jugaran con mi pelo, me secaran las lágrimas osadas y me dejaran pensar en lo que me está pasando. He caminado por lugares conocidos que olían a pasado y por los que dejamos nuestras huellas. Pero ya no queda nada de aquellos tiempos. Ya no queda nada de lo que viviste. Y esto no ha solucionado todos mis problemas, pero yo me he quitado una espina que todavía tenía clavada y que hoy, sin saber si por la charla amable del camino, por la lucidez repentina de una tarde sin dolores desesperantes o porque ya estaba preparada, me la he arrancado para siempre.

-Adiós, papá.- he conseguido decir por fin, después de 7 meses de ausencia que he intentado olvidar a golpe de silencio

sábado 9 de mayo de 2009

Del verbo renunciar a la esperanza...

Hacia tiempo que no sentía la pasión febril por escribir. Me ha durado poco y la calidad no es que haya sido demasiado buena. No me reconozco. Yo antes era... diferente.
Y este texto nace de una de esas veces en las que piensas demasiado y al final te acabas ahogando. Al final me voy a volver loca con tanto silencio, con tanta soledad impuesta y aceptada.

He de deciros que sólo es un fragmento de una historia larga. No os asustéis que, aunque esté narrado en primera persona, no soy yo.



Aquel día estaba nublado. Lo recuerdo con la nitidez absoluta con la que sólo se recuerdan los días que quieres olvidar. La idea del suicidio surcó mi mente como un destello clarividente que me hizo abrir los ojos. La luz que se colaba entre los agujeros de las persianas me dio una bofetada. Sólo entonces conseguí incorporarme, apoyarme contra la pared y perder la mirada en la nada. No era posible. No podía creer que tal idea surcara mi mente con tanta fuerza. Se trataba de un goteo incesante de pensamientos que me quitaban el aire y me hacían sentir todavía más desgraciada. Tuve que tirarme de la cama para dejar de pensar con la excusa de fumar un cigarro. No tenía ganas, pero cogí la cajetilla y saqué apuradamente uno. Fui al balcón y me senté en un rincón mientras encendía el cigarro. Estuve fumando tranquilamente hasta que el cigarrillo se consumió quemándome incluso los dedos. Entonces, me levanté algo cansada y me asomé a la barandilla para tirar la colilla. De nuevo, la idea de acabar con mi vida se volvió a hacer fuerte en mí. Miré hacia abajo. La calle estaba vacía. Caería tendida en la acera y mi muerte sería rápida. Nadie la vería. Quizás algún vecino, alertado por el ruido seco del cuerpo chocando contra el suelo se asomaría y entonces ya me vería allí, tirada, sangrando irremediablemente, regalando mi último hálito de vida al viento. Y una sonrisa amarga se dibujaría en mi rostro. Sonrisa por haber conseguido dejar de vivir una vida que me hacía infeliz. Y entonces mi alrededor se sentiría culpable. Asistirían a mi velatorio llorando, pero no por mí, si no por ellos. Llorarían porque la conciencia les martillearía las sienes y no les dejaría dormir.

“-Tal vez si me hubiera pasado a verla, podría haberla convencido de que no lo hiciera.”- pensarían- “Tal vez le tendría que haber dicho una última vez que la quería. Tendría que haberme dado cuenta antes de lo mucho que la quería, de lo especial que era”.

Pero ya nada tendría remedio. Yo no estaría aquí para que ellos lavaran su conciencia y me agasajaran, y ellos no podrían olvidar mi rostro sonriente ante la muerte, se echarían la culpa por haberme olvidado. Mi cuerpo quedaría encerrado en un nicho con una foto de cuando todavía era feliz y mi recuerdo, mi esencia, se pasearía por la memoria de aquellos que realmente me habían querido.
La idea de torturarlos eternamente se me antojaba tentadora. Yo no quería seguir viviendo o, al menos, me era indiferente seguir haciéndolo. Pero también se me pasó por la cabeza que si nadie me quería viva, no iban a empezar a quererme muerta. Dirían algo así cómo que no se explicaban qué pasaría por mi mente para cometer tal locura y, después del último adiós, seguirían con sus vidas sin recordarme nunca. Puede que lo hicieran el primer aniversario de mi muerte, que en algún cumpleaños, para aliviar su conciencia, me llevaran rosas si es que se acordaban de que eran mis flores favoritas y que miraran con compasión mis fotos si alguna vez aparecía mi cara en el álbum de los viejos momentos.

-“Esta era Sofía.- dirían a sus hijos o a las visitas que preguntaran por mi sonrisa melancólica.- Se fue hace muchos años. Se suicidó una tarde gris. Ya ves, no era muy guapa ni tenía mucho talento. A decir verdad ya casi no la recuerdo. No soy capaz de recordar su voz. Tampoco éramos tan amigos.”

Y se haría un silencio incómodo que se rompería cuando alguien preguntara por otro rostro congelado en otra instantánea. Entonces, beberían un sorbo de café y reirían con otra anécdota divertida que dejaría mi historia relegada a un recuerdo amargo que olvidarían al pasar la página del álbum.

lunes 27 de abril de 2009

Encendió un cigarrillo y la luz cálida del mechero iluminó tenuemente su cara dejando entrever por unos segundos el reguero que las lágrimas habían dejado en sus mejillas. En realidad, no le gustaba fumar, pero lo hacía tan por costumbre en las noches de astio que los paquetes de tabaco pasaban por su bolso casi a la misma velocidad que sus amantes fugaces. La primera calada invadió su boca de un sabor nocivo que se mezcló con su aire para llegar a sus pulmones y salir rápidamente perdiéndose en la brisa que acariciaba cada rincón de aquel lugar maldito. Los ecos de la ciudad dormida se perdían entre las calles ya casi vacías que se le antojaron, de repente, frías y lejanas. Los tacones gastados resonaron al mismo ritmo al que ella tarareaba una vieja canción de los ochenta que no recordaba cuándo fue la última vez que escuchó.
Cansada, agotada de luchar, se apoyó contra un frío muro y cerró los ojos. Cuando los abrió de nuevo, vio a su lado una figura hetérea que la miraba con un halo de compasión. Bella y confiada, besó a la chica en la frente, quien la reconoció de inmediato. Ésta hizo lo mismo y dejó los surcos de sus labios impresos en la frente de su aparición con una marca de carmín rojo que brilló iluminando de nuevo el rostro cansado de la chica. La vió desaparecer y llevarse a su paso la luminosidad que sólo ella era capaz de proporcionar. Con una única lágrima despidió a la señorita Ilusión, su ilusión, quien ya bajaba por la calle y se iba haciendo cada vez más pequeña.
Pasó una mano por su pelo, ya enmarañado y despeinado. Pensó que tendría que tener una pinta espantosa, que a esas alturas de la noche (o de la mañana), sus ojeras delataban su deplorable estado anímico y que muy probablemente sus ropas olían a alcohol, a tabaco y a desesperación.
Cuando más vacía se sentía, más triste se hallaba y más desesperación notaba en su pecho, apareció de nuevo una figura etérea. Era bella, pero fría y despiadada. No era su Ilusión que volvía arrepentida a darle una segunda oportunidad, era otra vieja conocida contra la que ya había luchado. No dijo nada. No se presentó a la muchacha, simplemente se dignó a besarla en los labios en un beso sin pasión ni emoción. Después, encendió un cigarro y le dio fuego a la chica para que hiciera lo mismo.

-Ya no eres dueña de sus historias.- le dijo en un tono frío, sin compasión. - Ya no te pertenecen sus vidas. Ni tan siquiera puedes puedes escribir sus destinos en folios; tu inspiración se marchó mientras vomitabas tu orgullo en alguna fiesta y ni tan siquiera te despediste de ella.

La chica tragó saliva, reprimió una lágrima furtiva que le escoció en el corazón y se abrazó a la figura que le hablaba. Ésta la estrechó entre sus brazos y se fundió con ella.

-Bienvenida a mi vida, señora Apatía- murmuró.

miércoles 1 de abril de 2009

Sirena Varada...


"Pero es que cada gota de lluvia lleva a lomos demasiados recuerdos que, cuando osan acariciar las heridas que todavía no han cicatrizado, escuece. Llovía aquel día en el que me partieron el corazón en mil pedazos y, sentada frente a la ventana hasta que el tiempo dejó de pasar y las horas perdieron su importancia, vi como la lluvia y el viento se llevaban los pedazos de un maltrecho corazón que justo en aquellos momentos y no en otros, dejó de creer en el amor. Y aquel día, mientras mis lágrimas formaban un charcho de tristeza en el que naufragar, me prometí a mi misma sellar para siempre mi corazón si de esta manera nunca nadie me volvía a hacer daño. Las gotas de lluvia sellaron mi pacto y aquella pequeña llave bajo la que esconder mis miedos se la llevó algún pequeño riachuelo de ilusión y de cobardía encubierta. Confié en que quizás algún día la trajera de vuelta un pequeño barco de papel que atracara en un puerto seguro, sin miedos oscuros, sin lágrimas de media noche. Pero los barcos de papel se rompen, se deshacen y desaparecen como las promesas que se formulan al viento. Aquel barco de papel con el billete de vuelta se ha perdido en la corriente de alguna tormenta y ha encallado en el vaso de ron de algún pirata o marinero que se tragó la llave e hizo llorar a esta pequeña sirena. Pero los marineros tienen a mil sirenas suspirando en cada puerto y la sirena que esconde su corazón en barcos de papel siempre huye sin saber si la invitaran a otro ron. Al fin y al cabo hay sirenas que se olvidaron de nadar mucho antes de aprender. Y yo me olvidé de nadar el día en el que dejé de creer en el amor, el día en el que la vida me demostró que los príncipes azules se van en el momento en el que hace falta que te envuelvan con su capa.

Pero la lluvia ha sido mi aliada cuando la he necesitado, cuando he creído que un momento así no se podría concebir sin ella, sin esa melancolía opaca que te envuelve el corazón sin necesidad de una excusa. Por eso salí a la lluvia el día en el que la vida dejó más desamparada que nunca, cuando sentí que se me había quebrado el corazón y sólo me quedó sentarme en el banco de piedra blanco resguardado por un porche a ver pasar las horas teñidas de dolor. La lluvia trajo consigo la fuerza del cariño, la fuerza que te arrastra a ponerte en pie incluso cuando se te ha olvidado cómo late el corazón, cuando has conocido a la muerte y la has mirado a los ojos suplicándole un único día más.

Pero los días de lluvia, a parte de los recuerdos, traen consigo esa extraña inspiración para un alma romántica que nunca es leída. La lluvia cae y tiñe los días de ápices tristes que yo convierto en historias, historias olvidadas que nunca ven la luz del sol, que viven en las nubes negras y en el alma de una pequeña sirena que hace con ellas barcos de papel en los que esconder su corazón.”

domingo 29 de marzo de 2009

Lo vio allí, apoyado en el marco de la puerta con su sonrisa por bandera. Quizás no era considerada la sonrisa más bonita del lugar, pero tenía la asombrosa propiedad de dejarla sin habla. Después de verla, de verlo a él, sentía como su corazón se iba acelerando y como le faltaba la respiración. Era asombroso. Después de cruzar la mirada con él, parecía como si hubiera estado corriendo, como si acabara de finalizar una carrera de fondo que parecía no haber tenido final. Luego llegaba el momento de sentirse estúpida, de sentirse atada a una ilusión inalcanzable, de soñar con unos labios que le quedaban lejos, de quedarse sin habla cuando él le decía algo, de sonreírle y mirarle embobada cuando se lo cruzaba. No podía ser amor, pero se trataba de esa ilusión , de ese juego, de ese momento en el que él se te mete en la cabeza y pone tu mundo patas arriba, de esa química que estalla dentro de tí, de cada escalofrío por tenerlo cerca, de cada sensación de miedo que sientes cuando piensas en el futuro y sabes lo difícil que será verle dentro de unos meses.
Pero ahogó todas las voces que se empeñaban en hablarle a gritos. Quería simplemente disfrutar de su momento, de sus sueños y le preocupaba tener a un él cerca porque lo había pasado mal antes y sus potecciones se quebraban en mil y un pedazos cuando aparecía alguien capaz de hacerla sonreír. Era débil y se dejaba llevar demasiado por los impulsos de un irrefrenable corazón que latía a mil por hora sólo al pensar en el chico de los lunares irresistibles. Lucharía en contra de sus sentimientos si hacía falta sólo por no sufrir ante algo que por lo que no tenía posibilidades. Se sellaría para que no le diera un vuelco el corazón al verlo apoyado en el marco de la puerta, se blindaría con todas sus armas y se alejaría el día de la despedida para que nadie la viera llorar.

domingo 22 de marzo de 2009

La chica del vestido azul

Quién te dio el lunar que hizo retirarse al mar y que es la luz de la ventana abierta a la verdad. Hoy te vuelvo a ver. Hoy te vuelvo a ver. Tú sigues siendo el recuerdo aquel que una vez bailó conmigo un rato y se fue.

LODVG- La chica del gorro azul








Las luces. El humo. El sudor. La respiración agitada. El frío del hielo de la copa que se acaba de caer. La canción que tarareáis al unísono mirándoos a los ojos, sonriéndoos mientras que bebéis de la copa del otro. El aliento sobre tu rostro que huele a alcohol. El ron. El vodka. La cerveza de la marca roja. Los abrazos que nacen de ese sentimiento de repentina amistad. Los sentimientos que se magnifican. El no ver nada más allá de lo que tienes enfrente. Los mareos. Los bailes con él, sin él, con cualquiera que se te ponga delante. Las sonrisas que no sabes a quien van dirigidas. Los cigarros que te tiran al suelo porque no les gusta que fumes... Y entre todo, él, que baila contigo, que te apaga los cigarros, que te habla al oído, que te mira a los ojos, que te invita a una copa, que te envuelve con su charla, que te cuída, que, sin saber por qué, se ha aprendido tu nombre y lo repite, que te escucha y te ofrece su ayuda... y que se cuela en tu vida aún cuando eres consciente de que sólo es porque ha bebido demasiado.

domingo 22 de febrero de 2009

Si nunca fui tuya...

Me tratas con distancia, todavía más. Me cortas, no me dejas acercarme, vas y vienes ante mi mirada confusa y juegas a ser lo que siempre quisiste ser. Alegas que ya no somos los mismos, o quizá eso sea lo que yo alego para consolarme cuando recuerdo lo mucho que te quise y lo poco que sé sobre lo que tú sentías. No sé si tú no jugaste claro o es que yo fui una ilusa. Al fin y al cabo, siempre dijiste que admirabas mi imaginación. Pero el tiempo y la distancia nos marcó. Dejé de ser tu muñeca, tú dejaste de ser mi inspiración. Nuestros sueños ya no caminaban de la mano. No supiste estar a la altura, no supiste apoyarme. Yo necesitaba un protector, alguien que, entre sus brazos, me prometiese que no pasaría nada malo, que me acompañara en las noches de soledad, que compartiera conmigo el peso de mis miedos cuando me ahogaba el futuro. Pero nunca escuchaba tu voz. Te ibas y nunca volvías. Te negabas a estar a mi lado, dándome un motivo más para estar perdida. Rehuías. Vivías demasiado metido en tu mundo como para preocuparte de una pobre idiota que pasaba sus peores momentos. Estabas abriendo las alas y en tu vuelo yo no cabía. Me dolió porque no sólo era que yo te quería en el sentido más profundo de la palabra, sino que te necesitaba como amigo. Necesitaba esos consejos, esa presencia tranquilizadora, que me secaras las lágrimas mientras, sin grandes palabras, me tranquilizabas. Pero, por contra, pasé noches enteras con el peso del mundo sobre mis hombros, llorando de desesperación, riendo de presión, desahogándome en un despacho poco decorado mientras el mundo temblaba bajo mis pies y yo fumaba para tener una excusa para salir fuera y hablar con la luna. Y tú te enfadabas, te ibas alejando. Hasta que el peligro me dió un respiro y decidí que debía salir, tomarme la vida con calma, pensar en todos menos en tí y firmar una tregua con los sentimientos, con el amor. Tenía que vivir, pasar el tiempo al lado de la persona a la que se le acababa el suyo y mirar hacia delante siempre. Ni tan siquiera pasados los meses, cuando mi mundo voló por los aires, supiste volver para abrazarme, para decirme que estabas allí. Simplemente me dijiste que no querías molestar, que lo sentías, que sabías que era fuerte. ¿Molestar? Yo quería apoyarme en tí como me apoyé en otras tantas personas. Personas que no tenían la misma familiaridad conmigo, personas que no me conocían tanto, que no sabían como manipularme, como animarme, como robarme sonrisas incluso cuando se me olvidaba cómo sonreír. Y comenzaron a aparecer amigos, gente de aquí y de allá, gente que, al contrario que tú, nunca me había dicho lo mucho que me quería pero me lo demostró con pequeños gestos que para mí eran un gran consuelo.





No eras el primero y sabía que no serías el último por eso ahora miro hacia delante.

jueves 5 de febrero de 2009


"No se atrevió a mirarla. Le daba miedo porque sentía que si la miraba ,ella, se quebraría en mil pedazos tal y como ocurría siempre. Pero su espejismo, esta vez, era real. Y el silencio opaco y tranquilo fue dilucidando hasta converitirse en una suave almohada donde reposar sus miedos. El viaje no iba a ser eterno. El tren tenía un destino marcado, destino que repetía días tras día, y ambos eran conscientes de que cuando la sirena del tren anunciara el final del trayecto, la magia se rompería en mil pedazos silenciosos que no sabían si podrían recoger. Pero él, el chico de los ojos marrones y la sonrisa indescifrable, estaba dispuesto a lanzarse a un océano enfurecido, como era el pecho de ella, sólo por verla abandonar sus fantasmas durante unos segundos. Y ella, experta en las lágrimas de media noche, sentía que él era el refugio que tanto ansíaba. Además, sin saberlo, estaba enamorada de aquellos ojos penetrantes y de aquel aroma cautivador que le prometía seguir a su lado todos los días de su incierta vida."

sábado 17 de enero de 2009

Vuelo para quedarme??

Necesitaba darme un tiempo a mí misma y volver cuando estuviera preparada para continuar con mi vida. En realidad, nunca la he detenido por completo, pero sí que es verdad que he dejado algunas partes relegadas hasta que tuviera fuerzas para abarcarlo todo de nuevo.

Quizás, algunos que paséis por aquí nos os explicáis qué me ha pasado para que me tuviera que tomar un respiro: es algo tan sencillo como la pérdida de un ser querido. Han sido 3 meses duros, de fantasmas revoloteando, de heridas que no paraban de sangrar, de amigos que han intentado robarme sonrisas hasta dejarse la piel, de lágrimas que son sólo mías y de un vacío en el pecho que todavía conservo y que sé que me acompañará toda la vida. Ha sido duro y difícil, pero sin duda he crecido como persona y esta situación tan adversa me ha demostrado que tengo un elenco tremendo de personas que me he ido ganando a fuerza del tiempo.

No puedo decir que lo haya superado. Hace poco caía en mis manos, como si se tratara de una señal casi divina, un artículo cuyo tema era el proceso de duelo. Al leerlo, me di cuenta de que no es tan extraño todo lo que siento, sino que se trata de un proceso gradual que culminará cuando yo esté preparada. Sea como sea. aquí estoy, vuelvo y espero que esta vez se para quedarme.


Muchos besos!

viernes 26 de diciembre de 2008

Y si el miedo...

"Tan difíicl como hacer fuego sólo con los ojos es burlarse del destino. Cuando menos te lo esperas suelta un golpe y te demuestra quien es el que manda aquí."

martes 2 de septiembre de 2008

En fin, por aquí ya no pasa nadie...

Simplemente creo que no tengo talento para cumplir mis sueños. No veo mi futuro y mi pasado queda difuso. No sé hacia dónde voy ni qué esperan de mí. Estoy cansada de cometer errores y me planteo seriamente por qué hay gente que sigue a mi lado. A veces me miro al espejo y no me reconozco. Cómo soy? Soy como me veo o tengo una cara oculta? Río con amargura cuando me da por pensar que mi futuro quizás no llegue a ser como me lo imagino. Cómo me lo imagino? A veces lo imagino brillante, con sueños cumplidos, con besos y caricias cómplices, con todo aquello que fui soñando durante años. Otras veces,las que más, me lo imagino negro y fustrado. Sola. La soledad nos asusta a todos y no concibo un futuro sin ella. Carezco de cualidades en todos los sentidos y me aterra pensar que esas falta de cualidades alejará a todos de mí. Río. Lloro. La oscuridad me aterra porque con ella viene el silencio y eso todavía me aterra más. Es algo tan simple como quedarme a solas con mis pensamientos que van y vienen y me muestran que no sé hacia dónde voy y que tengo una colección de miedos y tormentos mayores que la oscuridad. A veces, simplemente pienso que no tengo derecho a nada y mucho menos a enamorarme. Me siento estúpida, pero quizás mañana vuelva a sonreír.






Aquella noche me inspiraste...


Sophie se dio cuenta de que él tenía una gran influencia. En el tiempo en el que estuvieron allí sentados, multitud de personas se habían acercado a saludarle, a preguntarle por sus padres, por su vida, por su futuro. La gente lo miraba con respeto y ella se sintió intimidada. Fue por eso que apuró pronto su cerveza y le pidió ir a un sitio más tranquilo. Él la miró con intensidad, envolviéndola con sus ojos claros en la atracción y magia que sólo él poseía, y le tendió la mano. [i]"Y si vamos a un lugar donde seamos desconocidos?"[/i] Ella alzó una ceja, confusa, pero posó su mano derecha encima de la del joven y se dejó conducir donde él la llevase. Pagaron al camarero y se aparecieron junto al Támesis, en mitad de un puente. La luna comenzaba a reflejarse sobre las aguas tranquilas del río que dividía la ciudad. De pronto, tan sólo eran turistas mezclados entre la multitud. Sin presiones, sin gente que los parara... sólo estaban ellos dos y aquella sería su noche. Al amanecer, con los primeros rayos de sol, ya decidirían cuál sería su suerte, si es que continuaban juntos.
Y después de pasar un rato abrazados en mitad del puente, dejando que el frío viento jugara con sus cabellos y les recordara que todavía seguían vivos, marcharon a un lugar donde la penumbra les diese la intimidad que andaban buscando. Fue entonces cuando él la besó por primera vez, bajo la lluvia fina y persistente que marcaría aquel opaco día. Y fue entonces cuando ella se dejó llevar y olvidó el peso de los apellidos y el qué pasaría mañana. Bajo aquella luna brillante y casi oculta, tan sólo existían aquellos dos jóvenes que tan sólo eran eso: jóvenes que experimentaban con aquel juego de seducción, de besos y caricias. Lo malo era que Sophie era la única que se entregaba a los latidos de su corazón. Él tan sólo se entregaba a la pasión, sabiendo que, como con otras, cuando el amanecer llegara y la arrancara de sus brazos, el juego habría terminado. En aquella ocasión, él podía sentir algo más, pero sus sentimientos se callaron cuando ella le contó la verdad.

sábado 19 de julio de 2008

O estoy soñando o hay nieve en la ventana...

Los tacones resonaban en las calles donde los coches apenas pasaban. Un mapa en una mano y un cigarro en la otra. "Donde estamos?"- se oía respirar. Comenzaba a oscurecer y las prisas se hacían presentes: "crees que llegaremos?" "Sí, mujer, claro." Una caminata por las calles con la ilusión por bandera y al fin, las luces de neón nos dieron la bienvenida. "Núria? por fin! Me alegro de conocerte! Todavía no han abierto?" y una dulce espera que se alargó más de lo previsto, pero que, en tan buena compañía, se pasó bien. Al final, y tras un rato, se oyó el ruido de la persiana subiéndose y entramos. Un ligero frescor nos dio la bienvenida. La sala todavía estaba vacía y se apoderó de nosotras esa sensación de confusión y de inminencia que precede a los grandes momentos. De pronto, cruzó la sala y enmudecí por unos instantes. Lo seguí con la mirada y comencé a darme cuenta de que aquello significaba tener cerca a alguien que, desde que lo descubrí meses atrás, se había convertido, sin saberlo, en alguien especial que era capaz de ponerle la banda sonora a mi vida con esa voz desgarrada y tan poco conocida. Me emocioné sin darme cuenta, pero con esa emoción que te invade el cuerpo y te hace estremecer bajo la apariencia de un sereno nerviosismo. Apoyado sobre la barra, mi mirada se desviaba sin pretenderlo en dirección a él. Simple curiosidad mezclada con la expectación más absoluta y una profunda admiración cariñosa. En alguna ocasión, mi mirada se cruzó con la suya y me pareció que había una barrera invisible tras la cual se hallaba una persona que era mucho más que una voz. El pequeño escenario se iluminó tenuemente tras una larga espera para presagiar que, en breves instantes, aparecería él junto a los chicos. Un fuerte aplauso y por fin subió el único escalón que le alzaba a una pequeña tarima que le haría de escenario. Una botella de agua y wishky para compesar descansaban sobre un altavoz. Las primeras palabras que le servían de carta de presentación antes de una brillante interpretación sirvieron como pistoletazo de salida. "A oscuras me parece un buen momento para reconocer que la foto de mi alma es trucada.." Un paseo por las letras que, inocentemente y sin pretenderlo, me transportaban a un viaje de recuerdos y de caras que se materializaban más allá. Anécdotas, cuerdas que se rompían a mitad de una canción, "turcas"... me dio la sensación de tratarse del concierto de un colega que se pone delante del grupo y empieza a tocar entre bromas, buen rollo, risas, copas y cigarros. Un colega al que si le apetece, se enciende un pitillo mientras te toca la canción que le has pedido. Entonces, tú también te enciendes un cigarro mientras sigues en tu taburete y te levantas de pronto impulsada por esa emoción contenida. Me encantó la manera en que lo ví. Me gustó verle emocionado y sorprendido. Me encantó tenerle justo enfrente y que en alguna ocasión me mirara y sonriera. Era como si subido a ese escenario, la barrera invisible se hubiera desvanecido.



Luego, me parecía increíble el momento en el que se bajó del escenario después de los bises, las últimas canciones que siempre le hacían volver al escenario hasta que los dueños del garito lo tiraron, y se mezcló entre la gente. En esos momentos bebió del cariño de la gente que lo buscaba y le pedía firmas y fotos. Se sentía bien y se notaba. Yo asistía al espectáculo como en una pequeña nube que había esperado mucho tiempo para vivir aquel momento. De pronto se quedó solo y giró la cabeza hacia mí. Me miró. Lo miré. Yo llevaba su disco y un permanente en la mano y supuso lo que quería. Yo realmente esperaba a que Núria saliera del baño para hacerla partícipe también de ese momento, pero cuando él se me quedó mirando, me ví empujada a saludarle. Al final se acercó a mí. Dos besos. Una pequeña charla, dedicatoria, firma, charla y un nos vemos! "Jéssy", "pero eres de Valencia? joé! qué ilusión!" Y de la misma manera asistí mientras esperaba a ese momento que vivieron otros. Al final, la última foto con él, pero esta vez con mis acompañantes, las mejores para una noche como ésa. Luego charlas, fotos y firmas con Santi y Berenguer. Súper majos y encantadores que sólo hicieron que contribuir a hacer la noche más perfecta. Me encantó Berenguer, tan cercano, hablado con él en catalán-valenciano (él en catalán, yo en valenciano), tocándole el pelo y proponiendo que le dedicaran a Núria el disco o que la invitaran a cenar xD. Y para acabar, charla más tranquila con Rafa. "El otro día, en Madrid, yo era una de esas que te estaba viendo por internet y a las que saludaste, ya que decías que no sabías si alguien te estaba viendo". Ey! que no me lo creía, pero yo estaba allí, a su lado, y se despidió de nosotras. "ya os váis? Bueno pues nos vemos en Vivaldi y espero verte en el próximo en Valencia. Yo también me voy a ver si descanso un poco" Y así, con un par de besos y un "hasta pronto" nos despedimos de él, como de un colega del que te despides cuando se ha acacado el pitillo y se larga tras un rato a echar la siesta.




Me gusta esto. Me gusta al punto al que estoy llevando mi vida en estos momentos respecto a estos temas: hacer lo que me apetece, acercarme a quien yo quiero y no permitir que sea al revés.










Besos!













Jéssy*

sábado 28 de junio de 2008

Qué caro es el tiempo...


He puesto punto y final a una etapa, la más larga de mi vida. Vale que mi vida no es que sea excesivamente larga, que todavía no he llegado a la veintena y que el camino, si Dios quiere, es largo. Conforme me encuentro anclada en esta edad algo incierta pienso en que quiero (necesito) crecer, enfrentarme a nuevos retos, huír de los fantasmas de una vida que me podía haber tratado mejor. Las despedidas siempre son duras y las maquillamos bajo un "hasta luego", porque así parece que duelen menos, pero duelen de la misma manera. Me ha tocado despedirme de una parte de mí que durante algo más de 13 años ha vivido día a día a mi lado. A veces he deseado huir de ahí porque todo se me antojaba asfixiante y creía que no podría respirar, pero una vez pasadas esas épocas de crisis, siempre me he sentido como en casa. Llegué siendo una enana que a penas hablaba y que ya mostraba su interés por las letras copiando todo lo que se le pusiera a tiro (era la atracción de mi familia que me ponía frases para copiar en cualquier folio). Allí conocí a gente asombrosa que me ha brindado siempre todo su cariño. Los recuerdos de los primeros años son escasos, pero sé que me han marcado profundamente. Aquellos primeros juegos, las siestas, las canciones, los primeros contactos con esas personas que años después llamo amigos. Luego llegó un nuevo pasillo. Otra vez la sensación de sentirse mayor siendo una niña muy pequeña. Nuevos profesores que nos miraban con un cariño infinito y que nos explicaban tantas y tantas cosas que nos quedaban desconocidas. Las pequeñas travesuras, las charlas que entonces no entendíamos pero que ahora valoramos y comprendemos, los juegos mezclados con las nuevas obligaciones, el ir despuntando en diversas áreas que luego nos marcarían... Parece que queda un poco lejano, pero en realidad hace 10 años que llegamos al pasillo "de primaria". 10 añazos. Creo que en esa época la figura que se impuso por encima del resto fue José Antonio. Ese hombre con camisa y barba que destacaba por sus chascarrillos, su carácter autoritario pero cariñoso, sus castigos por no hacer el deber o estudiar inglés, las primeras lecciones de sintáxis... fue el hombre que me hizo aprender la definición de la palabra tabú porque no la busqué en el diccionario aquel día (la defición exacta de la palabra en el diccionario que usábamos en aquella época es : lo que no debe de ser nombrado ni mencionado debido a prejuicios o convenciones sociales xD)

6 años depués tocó volver a cambiarse de pasillo, subir por una escalera nueva, ver a los profesores de primaria y saludarlos sin ser alumnos suyos ya. Llegamos sintiéndonos mayores, sabiendo que el final tampoco estaba tan lejano. Nuevas obligaciones, clases distintas, compañeros que se quedaban por el camino, restructuración de amigos, amoríos, profesores nuevos. Han sido 4 últimos años alucinantes. Me lo he pasado en grande y he crecido como persona. La madurez ha hecho acto de presencia. Dejamos de evitar el roce físico y nos decantamos por los besos y los abrazos para solucionar los díaas malos. Comenzaron a aparecer los sueños, los planes, las preferencias... y hemos acabado como somos. En esta época me ha tocado vivir muchas cosas y estoy orgullosa de poder decir que he contado siempre con los mejores apoyos fuera cual fuera el problema. Amigos de verdad, profesores que han sido más que eso, hermanas que siempre han tenido una cálida sonrisa...En esta época me ha tocado refugiarme muchas veces en esa gente y nunca me han fallado.

Por eso me da tanta pena saber que no voy a tener más abrazos de esa gente, que se ha acabado eso de montar una tertulia en clase, escaparse por esos pequeños pasillos con alguna excusa, hablar y reír en clase con los profesores como promotores del cachondeo.. que se ha acabado refugiarme los días malos en ese rincón y llorar porque el mundo es injusto y no me deja respirar para que él venga y me anime, me de una charla y se quede en blanco diciéndome que me merezco tener suerte.

Por eso, estos días, las lágrimas se han apoderado de todos nosotros y nos hemos fundido en miles de abrazos y besos, fuera cual fuera nuestra condición dentro del centro. Intercambio de teléfonos, promesas (tengo que volver con un libro en cuya portada figure mi nombre, no? xD), planes, sueños y tristeza. El adiios, o mejor hasta luego!, a una etapa que nos ha marcado irremediablemente para siempre y que es la culpable de que hayamos llegado a ser como somos. Os echaré mucho de menos. Lo sé. Os recordaré siempre. Gracias mil gracias muchísimas gracias!




besooooos!!!!





jesS